Reflexiones 🤔sobre el reto 😱”ROMPE CRANEOS”😱


Hola,

Hoy quiero compartir contigo algo en lo cual participé cuando cursaba Secundaria y de lo cual no me siento particularmente orgullosa. Estando una tarde en casa de una amiga, se nos ocurrió tratar de generarle un desmayo a una de ellas. No recuerdo con exactitud los detalles, pero fue algo así como presionarle por unos segundos unos puntos en el cuello esperando a que perdiese el conocimiento. Recuerdo estar parada allí viendo todo lo que ocurría y a la expectativa de ver en qué terminaba todo eso. Mi amiga nunca se desmayó e imagino que nos habremos puesto a hacer cualquier otra cosa.

Con 42 años, veo esa situación y me parece que fuimos irresponsables, inconscientes, nos faltó empatía y nos expusimos a pasar por una experiencia terrible si la falta de oxígeno en el cerebro de mi amiga hubiese causado un daño irreparable.

Ningún adulto platicó con nosotras al respecto. ¿Fueron irresponsables? No lo sé. Creo que hasta la fecha ninguno de nuestros padres se enteró de lo hicimos. Hay una diferencia FUNDAMENTAL entre la paternidad de entonces y la de ahora: la adolescencia en el 2020 se transmite en vivo y los adultos tenemos acceso a demasiada información que en palabras de Danah Boyd “hay que aprender a gestionar”.

Nosotros no tuvimos Tik Tok, pero estoy 99% segura que, si hubiese existido, la mayoría de mis amigos de la época y yo la hubiésemos utilizado. Por lo tanto, muchas de las conductas y acciones que hice o participé, que hoy entiendo como peligrosas, absurdas e irresponsables, pero que a mi cerebro adolescente con una corteza prefrontal inmadura le pareció “buena idea”, también hubiesen tenido la difusión y la audiencia que tienen los videos de nuestros hijos.

Con esta historia no quiero de NINGUNA manera restarles importancia o atención a los videos de Tik Tok en el cual aparecen tres jóvenes, dos de los cuales invitan a saltar a un tercero que se ubica en el medio, haciéndole creer que van a saltar al mismo tiempo PERO que en el momento que salta, ambos le hacen una zancadilla por lo cual cae peligrosamente de espaldas. Es un reto que claramente es MUY PELIGROSO y que implica consecuencias para todos los involucrados (hasta para quienes ven, saben lo que va a pasar y no dicen nada).

Sin embargo, acordarme de mi adolescencia me ayuda a entender la de mis hijos e identificar las diferentes realidades en las cuales crecen. Aquí te comparto algunas de mis reflexiones:

1.- La búsqueda de experiencias que generan adrenalina y estímulos es una necesidad que mis hijos tienen al igual que me pasó a mi. La diferencia es que ellos están expuestos a más ideas y retos que van subiendo la vara cada vez más.

2.- Los contenidos al cual están expuestos mis hijos y sus amigos están poco regulados y en los formatos como videojuegos, películas y series, somos una generación de papás que preferimos la mayoría de las veces no respetar las clasificaciones. En esos espacios pocas veces se muestran las consecuencias que tienen para las víctimas o victimarios, las bromas, retos o agresiones. Por su etapa de madurez, puede que los niños y adolescentes no estén en capacidad de identificar las diferencias e implicaciones entre ver esa broma en un video versus hacerlo en la vida real.

3.- La sociedad en que se desenvuelven tiende a valorar a las personas por lo que hacen y tienen y no por lo que son. Quizás en mi época era igual, pero no había formas de cuantificación tan claros de popularidad como tienen mis hijos (likes, seguidores). Muchos de los videos usan el hashtag #makemefamous o #foryou, que les ayuda a ganar seguidores, y para quienes ponen su valor como persona en eso, siempre estarán dispuestos a hacer videos que sean populares.

4.-Son una generación mucho más sobreprotegida y por lo tanto tienen poco entrenamiento en manejo de riesgos, les cuesta identificarlos y mucho más predecir sus consecuencias.

5.- Como lo mencioné anteriormente, somos una generación de padres que tenemos acceso a demasiada información sobre lo que hacen y dicen los adolescentes, en formatos como chats o redes sociales que puede generar interpretaciones fuera del contexto en el que fueron creadas. Esto nos produce mucho miedo que puede llevarnos a la parálisis o potencializar aún más la sobreprotección.

Con esto en mente, me acerqué a mis hijos a platicar sobre este reto (obvio ya lo sabían), preguntarles qué opinaban, explorar si sabían qué tipo de consecuencias puede ocasionar una caída así (hicimos una lista bastante larga) y a contarles la anécdota con la cuál comencé este email. Viéndolo con un retrovisor, no me siento orgullosa de mi actuación y juntos debatimos como pude haber actuado diferente. Igual que muchos adolescentes experimentan, me sometí a la presión social en lugar de hacer lo correcto y pensamos de qué formas ellos pueden actuar mejor que yo si se les presenta una situación similar.

Como soy una mamá muy rara, en silencio di gracias por la existencia de Tik Tok, Instagram y WhatsApp, porque por estar en ellas, pude enterarme de este reto y poder tener conversaciones con mis hijos que como adolescente no tuve con un adulto.

¿Tu ya tienes tu cuenta en Tik Tok?

Cristina Fortuny 🤗